miércoles, 17 de junio de 2009

LOS FUNDAMENTOS DE LA ANTROPOSOFIA

 

Conferencia pública pronunciada en Elberfeld

(ahora distrito de Wuppertal), Alemania, en 1922

 

En nuestro tiempo frecuentemente se oye decir que en épocas sombrías y caóticas de la vida espiritual, en que el alma humana ha perdido el ánimo, la confianza y la esperanza, toda clase de movimientos ocultos o místicos suelen encontrar el ambiente propicio para su actuar; y en el presente acaso sucede que los que dan poca importancia al debido discernimiento, consideran que la antroposofía también pertenece a tales movimientos. Las consideraciones de esta conferencia sobre los fundamentos de la antroposofía han de mostrar cuan poco se justifica confundir el método científico antroposófico con aquello con que a veces se lo compara. Desde un principio la antroposofía se ha desarrollado sobre la base de la seriedad y la exactitud científicas, como en el campo de las ciencias naturales estas virtudes han sido cultivadas en el curso de los últimos tres o cuatro y hasta cinco siglos, pero principalmente en el siglo XIX; mas lo que en el ámbito de dichas ciencias sólo puede desarrollarse dentro de determinados límites, la antroposofía se propone ampliarlo hasta abarcar el conocimiento de los llamados mundos suprasensibles y la comprensión de los enigmas de la existencia, los que ante todo se refieren a los anhelos más profundos del alma humana, esto es, al deseo de investigar lo eterno del alma humana y su relación con los fundamentos divino-espirituales de la existencia.

Si bien la antroposofía se desarrolla absolutamente sobre fundamentos científicos, también es cierto que, como ella tiene que responder a los grandes y profundos enigmas de la existencia, los que interesan a todos los seres humanos, debió desenvolverse de tal manera que ella resulte asequible a la comprensión del alma humana más sencilla, y que corresponda a las necesidades de la vida práctica, como asimismo la vida anímica y espiritual de nuestro tiempo; quiere decir, a los anhelos que buscan el sostén interior y la firmeza del alma, la fuerza para el actuar y la fe en la humanidad y su destino. La antroposofía igualmente debió responder a las más diversas aspiraciones, sociales y principalmente las religiosas, en un sentido al que en esta conferencia he de referirme, todo de acuerdo — vuelvo a destacarlo — con su fundamento científico. Pero con respecto a este fundamento hay que agregar que en cuanto a las posibilidades que se abren a la investigación en el campo de las ciencias naturales, la antroposofía las tiene que tomar en consideración más seriamente de lo que piensan quienes creen que están basándose firmemente en el método de las ciencias naturales... A este respecto la antroposofía ante todo tiene que referirse a lo que pensadores juiciosos de dichas ciencias reconocen como los límites del conocimiento.

Si nos servimos del método de investigación de las ciencias naturales, es decir de la observación del mundo físico sensible, del experimento y del pensar para combinar los resultados de la observación y del experimento, lo que conduce a descubrir las leyes de la naturaleza, como habitualmente las reconocemos, por todo esto llegamos a la concepción según la cual la investigación científica de las ciencias naturales tiene sus límites, y que las mismas no son capaces de penetrar más allá del mundo sensible y sus leyes; además, que de la naturaleza humana tampoco pueden comprender más que aquello que como naturaleza físico-sensible proviene de dicho mundo sensible; en fin, que tal concepción tiene que contentarse con reconocer los límites con respecto a lo que constituye el valor, la naturaleza y la dignidad del ser humano, sin poder penetrar en lo verdaderamente espiritual-anímico del hombre. La antroposofía tiene que considerar con la debida exactitud justamente semejantes aspectos, si ella pretende que se la tome en serio: con toda claridad tiene que tomar en consideración que meramente por arbitrariedad no es posible, mediante el pensar desarrollado en las ciencias naturales, penetrar más allá del mundo de los sentidos; que no es posible alcanzarlo por arbitrariedad, debido a que el pensar mismo se ha educado y ha alcanzado su fuerza a través de la observación sensoria, y que debido a ello entra inmediatamente en lo vacío, lo dudoso y lo poco satisfactorio si, abandonado a sí mismo, quiere penetrar en regiones más allá del mundo sensible. Sabido es que existen ciertas especulaciones filosóficas por las que el pensar abandonado a sí mismo pretende, de lo físicamente dado, pasar a lo suprasensible, mediante conclusiones lógicas de lo temporal a lo eterno. Mas aquel que sin prejuicios, por medio de semejantes conclusiones lógicas, quiere satisfacer sus anhelos anímicos de lo eterno, efectivamente llega a algo que no satisface, pues no tardará en darse cuenta de que: tan seguro como el pensar se siente cuando observa los seres y fenómenos de la naturaleza, tan poco seguro llega a ser el pensar abandonado a sí mismo, cuando trata de penetrar más allá de lo asequible a los sentidos. A raíz de ello existe la controversia de ciertos sistemas filosóficos: el uno, según su peculiaridad subjetiva trasciende el límite del mundo sensible a su manera y establece un sistema: el otro se basa en otro sistema; pero por este camino no se llega a ninguna concepción armónica, sino que se crea algo que no satisface de modo alguno. La antroposofía debe tener claramente presente lo que con ánimo desapasionado ha de sentirse frente al pensar abandonado a sí mismo, y con ello se le presenta uno de los escollos que se debe esquivar para encontrar el camino que conduce a la investigación de lo eterno en la naturaleza humana y en el universo.

La antroposofía tiene que reconocer los límites de conocimiento de las ciencias naturales, y por el otro lado tiene que dirigir la mirada hacia el hecho de que hombres de ánimo más profundo, en vista de esos límites del conocimiento, buscan en otros campos la ayuda que para los grandes enigmas de la existencia las ciencias naturales no les pueden ofrecer. Ellos tratan entonces de encontrar ayuda en el recogimiento místico; es decir en lo que se suele llamar la visión interior del alma propia, pensando que por el retiro en lo profundo del propio ser se puede descubrir algo distinto de lo que se encuentra por medio de las ciencias naturales, o a través de la conciencia común. Pero precisamente el que se dedica a la investigación de lo eterno tan seriamente como se lo puede hacer en el ámbito de la antroposofía, tiene que decirse que también en este otro camino existen las ilusiones a las que muchas veces tales místicos se entregan. Quien es capaz de juzgar la vida anímica humana, libre de prejuicios, sabe lo que en toda la vida anímica significa la recordación humana. Los recuerdos tienen su origen en las percepciones sensorias exteriores; por ellas recibimos nuestras impresiones. Más tarde, a veces después de años, volvemos a extraer de la memoria las imágenes de tales impresiones, y puede ser que una vez nuestra alma haya recibido alguna impresión sensoria exterior, acaso de un modo semiconsciente, sin haber observado con la atención necesaria el respectivo objeto. En tal caso la impresión queda sumergida en lo más hondo de nuestra vida anímica; y de un modo intencional o espontáneo vuelve a surgir después de años. Y no tiene que aparecer necesariamente igual a como ha sido sumergida en el alma, sino que puede aparecer transformada, de manera tal que sólo el exacto conocedor de la vida anímica la reconocerá. Lo que por una impresión exterior se suscita en el alma, se lo recibe impregnado de toda clase de sentimientos y de impulsos volitivos, e incluso se lo recibe internamente en la constitución orgánico-corporal del hombre, en la constitución total del cuerpo humano; y después de años se podrá sacarlo del alma, totalmente transformado. Quien juzgue de un modo confuso aquello que no es otra cosa que una impresión sensoria transformada, metamorfoseada por el alma, y sacada de ella mediante el recogimiento místico, podrá entonces creer que se trata de la revelación de algo eterno que no proviene del mundo físico exterior. La antroposofía tiene que darse cuenta de que los místicos que tratan de encontrar sus revelaciones de la referida manera, llegan a las más graves ilusiones, y por esta razón ella tiene que reconocer que tal misticismo representa el segundo escollo; y que además del escollo del límite de conocimiento de las ciencias naturales, tiene que esquivar el escollo de los límites de la propia vida anímica humana.

Primero he tenido que expresar lo que antecede, con el fin de hacer notar cuan concienzudamente la antroposofía examina las fuentes de errores posibles, pues por lo que sigue he de describirles los senderos por los cuales la antroposofía puede penetrar en los mundos espirituales suprasensibles; y con ello será necesario relatar aspectos paradójicos, todavía poco comunes en nuestro tiempo. Podría pensarse, y muchos lo creen, que la antroposofía tampoco es otra cosa que una tentativa más o menos fantasiosa de penetrar mediante el conocimiento en mundos con los cuales la ciencia seria no debería ocuparse. La antroposofía sabe cuál no es el método correcto de investigar lo espiritual-suprasensible, y por lo tanto también puede conocer el punto de partida que permite determinar la manera de cómo realmente se puede hacer las investigaciones. Al darse cuenta de lo que son los caminos que pueden conducir a ilusiones y errores, abre a la vez el paso a la verdadera, aunque todavía previslumbrante respuesta a lo que se presenta como una pregunta. La antroposofía parte de lo que sigue. Con las fuerzas cognoscitivas comunes, como las que poseemos en la vida corriente y en la ciencia oficial, debido al límite de conocimiento de las ciencias naturales y del retiro místico, no se puede conocer más que la naturaleza exterior y lo que de ella la vida anímica humana puede captar. Por consiguiente, para alcanzar el conocimiento de lo que se halla más allá de la naturaleza exterior, se debe apelar a las fuerzas del alma que en ella están latentes en la existencia común, o mejor dicho, de las cuales el hombre no es consciente. La antroposofía quiere desenvolver esas fuerzas que en el alma dormitan, para poder penetrar mediante las nuevas fuerzas cognoscitivas, una vez despertadas, en los mundos en que no es posible penetrar por medio de las fuerzas cognoscitivas comunes. Por parte de serios investigadores científicos ya se habla actualmente de toda clase de fuerzas anormales del alma humana, o del organismo humano, fuerzas que darían prueba de que el ser humano está en relación con otras esferas más que la biología o la fisiología comunes pueden mostrar. Pero la antroposofía tampoco se vincula con semejantes fuerzas anormales de la vida anímica humana. Ella apela a las fuerzas normales del alma humana y sólo continúa desarrollándolas. Pero al comenzarlo hace falta lo que quisiera llamar: modestia intelectual. Es necesario poder decirse: cómo hemos sido de niño, durante la primera infancia, cuando hemos entrado en el mundo, dotados de una vida anímica onírica, la que sólo nos permitía usar los propios miembros del cuerpo de un modo todavía poco hábil, y orientarnos apenas, o de ningún modo, en el mundo. No obstante, por medio de la educación y por la vida misma, se han desarrollado, sacándolas de lo profundo de la naturaleza humana, las fuerzas que al principio habían estado latentes en las profundidades de la organización humana. En posesión de las fuerzas del alma, las que han sido desarrolladas por la educación y por la vida, habrá que decirse: en el alma humana posiblemente pueden hallarse latentes otras fuerzas más, y que éstas tal caso, desde un determinado punto de partida, también pueden desenvolverse ulteriormente, del mismo modo que las fuerzas anímicas del niño se han desenvuelto hasta su punto evolutivo actual. Ciertamente, sólo la práctica puede demostrar la verdad de lo que acabo de expresar; y la investigación antroposófica se desenvuelve en la práctica. Al respecto, se trata de que ante todo se considere la totalidad de la vida anímica humana y que se siga desarrollando las distintas fuerzas del alma, a partir de su estado normal de la vida humana.

En primer lugar se trata de la fuerza pensante del hombre, la formación de los pensamientos, por un lado, y por el otro, de la fuerza volitiva. Entre ambas, o sea, entre la fuerza del pensar, que se desarrolla a base de las impresiones exteriores, o también a través de la capacidad de orientación que la vida nos haya donado; entre esta fuerza pensante y la fuerza volitiva, por la que estamos situados en la vida con nuestra actividad humana, se halla lo anímico, la suma de nuestras impresiones y nuestros sentimientos. Para la ciencia antroposófica principalmente ha de tratarse de desarrollar la fuerza del pensar y la fuerza de la voluntad, elevándolas a un grado más alto que por la vida común pueden alcanzar; pues no se puede investigar lo eterno por medio de disposiciones exteriores, sino únicamente a través de un íntimo desarrollo de las fuerzas del alma como tales. Pero al elevarse el desarrollo de la fuerza pensante, por un lado, y el de la fuerza volitiva, por el otro, a grados más altos de los que se alcanzan en la vida común, se elevará al mismo tiempo de algún modo y por sí solo — como lo veremos — lo que constituye el elemento anímico más profundo y más íntimo de la naturaleza humana, esto es la fuerza del ánimo (Gemütskraft). Por lo tanto, en primer lugar se nos presenta la pregunta: ¿Cómo es posible desarrollar la fuerza del pensar para llegar al conocimiento de un grado evolutivo más alto que por la vida común se alcanza?.

En mi libro ¿Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores? y en la segunda parte de mi Ciencia Oculta, como asimismo en otros libros, he descrito el sendero y los ejercicios respectivos; ahora voy a caracterizar en primer lugar lo fundamental del desarrollo de las facultades del alma humana. Los pormenores correspondientes se encuentran en dichos libros. Para una conferencia introductoria será suficiente exponer lo fundamental con el fin de indicar el sentido y la esencia de la cuestión que nos ocupa.

Lo que en la vida común poseemos como fuerza del pensar se suscita por las impresiones sensorias que se producen de un modo viviente. Observamos el mundo que se nos presenta en colores y sonidos, los que causan en nosotros impresiones vivas; y en el alma nos quedan entonces los pensamientos que nos formamos según estas impresiones. Con razón calificamos estos pensamientos como pálidos, pues sabemos que en la vida común los mismos tienen para el alma menos intensidad que las impresiones sensorias; y también sabemos que de los pensamientos comunes que se producen a causa de las impresiones sensorias, en cierto modo nos ocupamos pasivamente, en comparación con la intensidad con que en el alma experimentamos dichas impresiones. Después se trata de que precisamente la vivacidad que estas impresiones suscitan en el alma, la consideremos como ejemplo según el cual la antroposofía quiere desarrollar la vida pensante misma de un modo más elevado y más fortalecido, con el fin de efectuar la investigación. Es preciso que la vida pensante se eleve, se incremente y se fortalezca de la siguiente manera. Lo que tengo que describir aparecerá como algo sencillo, pero en general la ciencia espiritual como aquí la entendemos no es más sencilla que las investigaciones en el observatorio astronómico, en los laboratorios químicos y físicos, o en la clínica. Lo fundamental que ahora voy a describir de un modo sencillo requiere para su desarrollo, según la disposición que para ello se tenga, años, meses o semanas. De entre los numerosos ejercicios interiores del alma, solamente voy a escoger algo característico.

Se trata de que en primer lugar se fije la atención en el modo de cómo en la vida común se experimenta el pensar. Por extraño que suene: el que libre de prejuicios observe su propio pensar, tendría que decirse que la expresión “yo pienso” no es del todo correcta. El pensar se desenvuelve frente a los objetos exteriores. Sólo nos damos cuenta — debido a que en cierto modo volvemos la mirada sobre el organismo físico, y porque nos percibimos a nosotros mismos desde afuera — nos damos cuenta de que el pensamiento que nos formamos depende de nuestro organismo físico, y por lo tanto decimos: “yo pienso”. Pero para la conciencia común la expresión “yo pienso” no se justifica plenamente; y la ciencia de orientación antroposófica precisamente aspira a que dicha expresión realmente se vuelva justificada. A este fin procede, por ejemplo, a colocar una representación sencilla en el centro de la conciencia de toda la vida anímica. Se puede realizarlo de tal manera que la atención del alma se concentre exclusivamente sobre tal representación, lo que se alcanza a través del ejercitarse. En los referidos libros se describen los distintos ejercicios por los que se logra ser capaz de distraer la atención de todo lo demás que desde afuera o de adentro pueda absorber la actividad del alma, y para que plenamente a voluntad interior, tal como comúnmente se procede con relación a problemas matemático-aritméticos, el alma se abandone a esa representación sencilla. Resulta ser particularmente ventajoso — lo que se debería tener en cuenta — si tal representación no se extrae de la memoria, pues en la memoria existen, como al principio ya lo he dicho, las más diversas experiencias meta-morfoseadas. Si la representación simplemente se extrae de la memoria, se entremezclan los más variados elementos de lo subconsciente e inconsciente, de modo que jamás se tendría la certeza de que en la conciencia sólo está presente aquello hacia que, a voluntad y conscientemente, se dirige la atención; y esto es lo que importa. En virtud de ello es conveniente, por ejemplo, que se saque de un libro o de algo parecido lo que se desee emplear para concentrar sobre ello la atención y para que así se tenga algo totalmente nuevo como si se tratara de una impresión sensoria nueva a que el alma se abandona vivamente y que exclusivamente por sí sola absorbe la atención. También se puede pedir a una persona experta en estas cosas el contenido de tal representación, a fin de estar seguro de tener algo totalmente nuevo para el alma. No hay que temer que de esta manera el otro podría ejercer un poder sugestivo sobre el alma, ya que no se trata de que el contenido de una representación ejerza efecto sobre el alma, sino que ella misma despliegue sus fuerzas verdaderamente propias con la más viva atención. En virtud de ello se llega a ver: Así como se puede fortalecer el músculo del brazo al utilizarlo trabajando, también es posible intensificar el pensar como fuerza anímica, fortalecerlo por medio de la concentración sobre determinadas representaciones con la más viva atención, y repitiendo tales ejercicios rítmicamente. Esto conducirá a que la vida pensante misma, independientemente de impresiones sensorias, paso a paso llega a ser tan viviente y tan intensa como el alma comúnmente experimenta la impresión sensoria con vivacidad. Así como en comparación con la vivacidad de las impresiones sensorias, los pensamientos suelen ser pálidos, así también, por medio de los ejercicios del alma, por la meditación, o concentración, hay que desarrollar un pensar íntimamente fortalecido. Un pensar tan vivaz como lo es la impresión sensoria.

Lo expuesto ya les muestra que la ciencia de orientación antroposófica conduce a resultados contrarios a los que da el desenvolvimiento de ciertos estados anímicos humanos de índole patológica, enfermiza. Lo que el hombre desarrolla como visiones, alucinaciones, mediumnidad, la sugestión por hipnosis y cosas similares, tiende a lo exactamente contrario de lo que se entiende por continuar el desarrollo de la normal facultad pensante, según el método de la investigación antroposófica. Si el hombre emprende algo que le conduce a la alucinación, a la visión, haciéndole fácilmente sugestionable, sus fuerzas anímicas en cierto modo se apartan de las impresiones sensorias y fluyen en el organismo humano. Como alucinante, como visionario el hombre se torna dependiente de su organismo en mayor grado que con relación a las impresiones sensorias exteriores. Pero el ideal del sendero de conocimiento antroposófico que se debe emprender, consiste precisamente en lo característico de lo que anímicamente se experimenta a causa de una impresión sensoria exterior. Por consiguiente, cuando el hombre ejercita la meditación y la concentración, deberá ante todo abandonarse, de un modo plenamente a su voluntad y mediante la atención consciente, al contenido anímico que él mismo ha colocado en el centro de la conciencia. Por tal ejercicio se gana algo específicamente distinto de todos aquellos estados anímicos patológicos con que, únicamente por equivocación, el sendero antroposófico puede confundirse. Cuando el hombre se torna alucinante, visionario, cuando es víctima de la hipnosis, y cuando llega a ser susceptible de sugestiones, toda su personalidad se sumerge en la vida alucinatoria y visionaria. Su conciencia común desaparece en lo que se experimenta en los estados alucinatorio y visionario.

Lo contrario ocurre cuando por la meditación y la concentración que se efectúan de la manera que acabo de describir, se desarrolla una especie de conciencia superior. Cuando el hombre realmente alcanza la facultad de un pensar intensificado, fortalecido, se desenvuelven fuerzas anímicas superiores; pero la conciencia común del hombre juicioso como normalmente vive con relación al conocimiento y a sus deberes, subsiste plenamente al lado de la otra, en cierto sentido segunda personalidad. El hombre que posee la facultad cognoscitiva común se halla entonces junto a la segunda personalidad de la facultad cognoscitiva superior, controlando y criticando adecuadamente. He aquí una diferencia fundamental la que se debe destacar claramente cuando se habla del conocimiento antroposófico. Si de la manera indicada se fortalece el pensar por medio de la meditación y la concentración, y una vez alcanzado un determinado punto del desarrollo respectivo, se podrá decir: ahora realmente soy yo mismo, en mi propio ser, el que piensa; ahora he vivido con mi yo más intensamente en el mundo de mis pensamientos. De la misma manera a como por lo común experimento las impresiones sensorias exteriores, experimento ahora mi propio ser en el mero pensar. Pero el pensar también se transforma. Ante la mirada del alma en cierto modo ya no se parece más a los pensamientos pálidos que comúnmente se forman para el mundo de los sentidos. No es más el pensar abstracto, es el intenso pensar que se experimenta de un modo igual a como se experimentan los colores y los sonidos, y por él se experimenta profundamente el propio ser. Hasta se llega a un punto en que se sabe: ahora ya no se piensa por medio del instrumento corpóreo, como por lo común siempre se piensa. La antroposofía también admite que el pensar común se basa en lo corpóreo.

Pero ahora el pensar se ha liberado del sistema nervioso, lo que se sabe por experiencia interior. Cuando tal instante ha llegado se es consciente de que en verdad el alma misma vive en pensamientos, independientemente, pero en pensamientos que ya no son abstractos, sino que son pensamientos en imágenes. En este estado, por el que el alma experimenta a sí misma interiormente, aparece ante el ojo del alma, en un determinado instante en que el hombre alcanza la madurez respectiva, el primer resultado de la investigación antroposófica, el que consiste en que ante el alma se presenta, todo a un tiempo y como un gran cuadro, toda la vida transcurrida entre el nacimiento y el momento respectivo. Por lo común el contenido de la vida terrenal nos es asequible mediante la recordación, pero por de pronto, como una corriente subconsciente o inconsciente en lo interno del alma. Intencional o espontáneamente podemos de vez en cuando extraer de la corriente que se extiende hasta los primeros años de la niñez, algunos cuadros de memoria; pero lo que en el alma vive como una corriente de memoria más o menos inconsciente, no es aquello a que me refiero cuando hablo del cuadro de la vida, por el cual se nos presenta, todo a un tiempo, lo interior de nuestras experiencias en cuanto éstas representan el contenido de nuestra vida terrenal. En dicho cuadro de la vida no se trata de que tengamos ante nosotros acontecimientos separados entre sí, como los presenta la recordación, sino que tenemos ante nosotros lo que se puede reconocer como los impulsos a los cuales debemos nuestras facultades, es decir aquello que por el actuar de nuestro interior nos da las fuerzas morales, pero que desde nuestro interior también dirige las fuerzas del crecimiento como asimismo la nutrición. Tenemos ante nosotros lo que en los citados libros he llamado el cuerpo de fuerzas formativas, o, si nos servimos de nombres antiguos que a este respecto siempre existieron: el cuerpo etéreo o cuerpo vital del ser humano. Se trata, en segundo lugar, de una organización suprasensible. No es posible percibirla por conducto de las ciencias naturales comunes, ni tampoco por medio del pensar meramente lógico, sino que es preciso haber desarrollado lo que he caracterizado como el pensar fortalecido, y que en los referidos libros he llamado el conocimiento imaginativo; pero no porque se tratase de imaginaciones ilusorias, sino porque tal pensar vive en el alma a modo de imágenes, y porque este mismo pensar es conocimiento. Así que juntamente con el cuerpo físico exterior, delimitado en el espacio, se experimenta aquello que quisiera llamar un cuerpo-tiempo, un cuerpo que está en movimiento, al que ahora se puede percibir por el ojo del alma, cual un enorme cuadro de la vida, todo a un tiempo, y que contiene — hasta donde alcanzamos percibir la vida terrenal — todo lo que interiormente nos ha constituido. Prácticamente no es posible dibujar dicho cuerpo de fuerzas formativas. Si se lo quiere hacer, es necesario ser consciente de que se debe proceder como para pintar el relámpago, en cuyo caso sólo se puede expresar un instante. Lo que del cuerpo etéreo fuese posible dibujar o pintar, sería algo así como un instante de la incesante movilidad de un rayo.

Así se ha alcanzado el conocimiento de que en su interior el ser humano no solamente posee los resultados de las fuerzas corporales, químicas y físicas, sino que por la visión se ha llegado al conocimiento de que el hombre lleva en su interior algo que tiene el carácter de los pensamientos y que es asequible por medio de los pensamientos concentrados y fortalecidos. He aquí el primer resultado antroposófico, el hecho de conocer por la visión este primer miembro suprasensible de la naturaleza humana, esto es, el cuerpo de fuerzas formativas, el cuerpo etéreo.

Con el fin de dar otro paso más, es necesario que no solamente se hagan los ejercicios de concentración y meditación de la manera descripta, sino que se preste atención a que — si bien uno puede abandonarse a la meditación y la concentración plenamente a voluntad y con íntimo discernimiento, tal como procede el matemático en sus operaciones aritméticas — también se está entonces enteramente entregado al contenido de la concentración, de modo que cuesta mucho volver a retirarse de aquello en que el alma con la más viva atención se ha concentrado. Debido a ello es necesario, paralelamente con los ejercicios de concentración, hacer otros ejercicios, totalmente distintos, los que ahora tienen la finalidad de hacer desaparecer conscientemente y también a voluntad, lo que con toda intención se ha colocado en la conciencia para el ejercicio de la concentración. Si durante mucho tiempo y en sucesión rítmica se hacen los ejercicios de suprimir a toda fuerza las representaciones colocadas en el centro de la conciencia, se alcanzará una singular facultad anímica que es de suma importancia para la ulterior actividad espiritual. Se alcanza lo que quisiera llamar la conciencia vacía dentro del pleno estado de vigilia.

Se comprenderá de qué se trata a este respecto si se considera lo que sucede cuando el hombre no recibe impresiones exteriores, o si las mismas se presentan como inconsistentes en sí mismas, porque se producen monótonamente, repitiéndose constantemente, de modo que mitigan la atención, lo que — como lo sabemos — conduce a la conciencia opaca somnolienta. Pero no es posible alcanzar la conciencia vacía sin los ejercicios correspondientes. Únicamente si primero se han hecho los ejercicios para despertar en la conciencia los pensamientos fortalecidos y luego los ejercicios para borrarlos, se podrá mantener la conciencia tan intensa, tan despierta que la misma es capaz de conservar el estado de vigilia, cuando ella va quedando sin contenido. Pero en primer lugar es necesario saber crear esta conciencia vacía, si se quiere dar un paso más después de haber obtenido el primer resultado de la investigación antroposófica, o sea, la visión del cuadro de lo interior anímico que se ha formado desde el nacimiento. Después de haber hecho, durante el tiempo suficiente, los ejercicios para hacer desaparecer las representaciones, y cuando se haya alcanzado el debido estado de madurez, se tendrá la capacidad de suprimir igualmente el cuadro de la vida descrito, de suprimirlo después de haberlo colocado ante el ojo del alma. Cuando se logre borrar este cuadro de vida, esto es, todo nuestro ser humano interior, como éste se expresa en nuestro cuerpo como algo de incesante movilidad; repito: cuando se logre suprimir este ser humano interior, este nombre terrenal etéreo, este cuerpo de fuerzas formativas, y si entonces no se llena la conciencia con impresiones exteriores, sino que por de pronto se la deja vacía, se producirá el segundo grado de conocimiento superior.

Al primer grado lo he llamado el conocimiento imaginativo, el que se alcanza a través de la visión del propio interior subjetivo, que es el cuadro de la vida, tal como lo he descrito. Al haberlo alcanzado hay que tener presente con toda claridad que este primer grado del conocimiento superior da solamente la visión del propio interior, lo subjetivo. Sabiéndolo esto, no se caerá en ilusiones, ni mucho menos en visiones o alucinaciones. El investigador espiritual en sentido antroposófico juzga, por cierto, cada paso de su camino científico con absoluta claridad. Cuando por supresión del cuadro de la vida se alcanza la conciencia vacía, se obtiene el segundo grado del conocimiento suprasensible. Lo he llamado el conocimiento inspirativo. No hay que confundirlo con nada semejante a superstición o alguna cosa tradicional, sino que únicamente hay que pensar en lo que yo mismo describo. Y cuando, al haberse creado la conciencia vacía por medio de la supresión del cuadro de la vida, del cuerpo de fuerzas formativas, aparece en el alma, a través de la inspiración, lo que el alma misma, antes del nacimiento, o mejor dicho, antes de la concepción, había sido como ser puramente espiritual anímico, en el mundo espiritual-anímico. Se alcanza entonces el instante de la investigación en que por visión espontánea se llega a conocer lo eterno de la naturaleza humana.

Así se evidencia que el que habla desde puntos de vista antroposóficos, no puede, mediante conceptos abstractos cualesquiera, demostrar la inmortalidad mediante conclusiones lógicas o algo parecido, sino que él debe describir, paso a paso, lo que el alma tiene que realizar por medio de íntimos ejercicios interiores, para alcanzar el punto en que ella pueda percibir lo que como algo eterno vive en el alma; repito, en que pueda percibir lo eterno del alma, en el momento en que por la concepción se había unido con las fuerzas físico-corpóreas, provenientes de los padres y sus antepasados. Se puede preguntar: cuando por la inspiración se tiene la visión de algo espiritual anímico, ¿Cómo se sabe que se trata de lo espiritual-anímico del alma, de antes de la concepción?. Sólo por medio de un parangón puedo hablar de lo que en dicho instante se presenta al alma como una experiencia espontánea. Quien tenga el recuerdo de alguna experiencia terrenal, tendrá tal caso una imagen de lo vivido diez años atrás; y según el contenido de la imagen se da cuenta de que en el alma no tiene el recuerdo de algo acontecido en la actualidad, sino que el contenido de la imagen le hace ver que se trata de algo acontecido diez años atrás. Y el contenido de lo que se experimenta por la conciencia inspirada se manifiesta como algo muy distinto de lo que existe en el mundo físico-sensible, cuando el alma vive en el cuerpo. Se tiene la experiencia del tiempo, al igual que el recuerdo de lo vivido en la tierra, y la impresión misma indica que la visión se refiere a la vida prenatal, a lo que el alma había experimentado en el mundo puramente espiritual-anímico, antes de haber entrado en el seno materno, en lo físico-sensible que a ella envuelve  durante la vida terrenal.

Después de haber alcanzado el grado del conocimiento inspirativo, con que se da la posibilidad de buscar la solución al problema de la inmortalidad, hacia un lado, es decir, hacia el lado prenatal, se podrá ahora, mediante otros ejercicios cognoscitivos, tomar en consideración el otro aspecto del problema de la inmortalidad; y esto sólo se puede hacer por medio de ejercicios de voluntad. Los pormenores respectivos también se encuentran en los dos libros antes mencionados; pero aquí voy a indicar lo fundamental. La voluntad humana no piensa, no se parece al pensar común. Esto último surge interiormente, estimulado por impresiones exteriores, mientras que la voluntad se origina en lo interno del organismo mismo; pero en la vida común sólo experimentamos la voluntad de una manera particular. Tomemos, por ejemplo, la decisión o el impulso volitivo más sencillo, el movimiento de una mano, el que se efectúa obedeciendo a un impulso volitivo, y preguntémonos: ¿Qué es lo que de tal impulso volitivo tenemos en la conciencia?. Comúnmente no reflexionamos sobre este hecho, pero para la investigación bien ordenada es necesario basarse en un punto de partida seguro. Lo que ante todo tenemos es el pensamiento: queremos levantar o mover el brazo, la mano. Pero por la conciencia común no sabemos nada acerca de cómo tal pensamiento penetra en la organización, cómo estimula los músculos, cómo influye sobre los huesos, en fin, cómo dentro de la organización se desenvuelve lo que es la voluntad. Sólo por una nueva impresión exterior, sobre la que podemos formarnos un pensamiento, percibimos el brazo levantado, o la mano levantada. Si realmente buscamos el íntimo conocimiento del alma, hemos de decirnos que lo que ocurre entre el pensamiento primitivo con que intentamos el movimiento del brazo o de la mano y la última impresión, se substrae a la conciencia, del mismo modo a como desde el dormirse hasta el despertarse la vida anímica se substrae a la conciencia, con excepción de los ensueños caóticos que surgen del sueño profundo. Se puede decir que solamente en cuanto a la vida del pensar y del representarse, el hombre está plenamente despierto, mientras que el elemento voluntivo encierra en sí mismo una especie de sueño, incluso en el estado de vigilia; y por paradójico que suene hay que afirmar: entre el pensamiento que conduce a un impulso volitivo y el haber ejecutado la acción correspondiente, existe una transición comparable con lo que sucede entre el dormirse y el despertarse. El pensamiento se sumerge inconscientemente en el ámbito volitivo desconocido y vuelve a despertarse cuando observamos la acción ejecutada. Cuanto más se penetre en lo enigmático del desenvolverse la voluntad — sólo puedo expresarlo de un modo alusivo — tanto más se llega a ver que entre el pensamiento del propósito y aquel que se refiere a la observación de la ejecución realizada, efectivamente existe en el hombre una especie de sueño profundo dentro del estado de vigilia. A este respecto se produce un notable cambio por medio de determinados ejercicios, a través de esfuerzos de voluntad. De entre los numerosos ejercicios volitivos indicados en mis libros, voy a describir algunos. Por ejemplo, se pueden hacer ejercicios de voluntad precisamente por ejercicios basados en el pensar. La vida anímica se caracteriza por el hecho de que, cuando se trata de describir algo anímico, las facultades que por medio del pensar abstracto tenemos que distinguir, o sea, el pensar, sentir y querer, en realidad no están abstractamente separadas entre sí, sino que las mismas se entrelazan recíprocamente. La voluntad se entrelaza con el pensar cuando asociamos entre sí pensamientos y volvemos a separarlos, etc. Uno de los ejercicios de voluntad consiste en que, aquello que, según el curso de los sucesos exteriores se acostumbra pensar en dirección hacia adelante, se piensa, arbitrariamente, hacia atrás. Así, por ejemplo, se piensa una poesía dramática del quinto al primer acto, hacia atrás; es decir, empezando con las últimas escenas del quinto acto, hacia atrás hasta las primeras escenas del primer acto; o también: se piensa, interiormente, una poesía, o una melodía del fin hacia el principio.

Un ejercicio particularmente útil consiste en que a la hora de acostarse se haga pasar ante el alma lo principal de lo experimentado en el día, pero empezando con lo último y pensándolo todo hacia atrás hasta lo acontecido a la mañana. Hay que hacerlo particularizando las distintas cosas hasta tal punto que el subir una escalera se piense como un bajar, desde el último escalón hasta el primero de abajo, etc. Y cuanto más se formen las representaciones de esta manera, es decir, de un modo desacostumbrado, no ajustado a los hechos, tanto más la voluntad, habituada a obedecer pasivamente a los hechos exteriores, se desliga de éstos e inclusive de la corporalidad física. Después de haber efectuado tales ejercicios, se puede buscar sostén interior, mediante otros ejercicios a los que quisiera llamar ejercicios de observación y educación de sí mismo, con seriedad. Hay que alcanzar la capacidad de juzgar las acciones e impulsos volitivos propios, con la misma objetividad con que se juzgan las acciones e impulsos volitivos de otra persona. En cierto modo hay que llegar a poder observar objetivamente las propias decisiones volitivas y las propias acciones, e incluso hay que alcanzar algo más. Contemplando la vida propia, sabemos que en el curso de los años hemos cambiado mucho nuestro ser. Cada cual sabe que con respecto a su disposición de ánimo y el estado de su alma había sido otro hombre diez años atrás: pero los cambios ocurridos en el curso de los años se deben a la vida misma, a la realidad exterior. Es preciso observarlo todo desapasionadamente para darse cuenta de que el hombre se abandona de un modo pasivo a la realidad exterior. Pero él puede, precisamente con el fin de encontrar el camino a los mundos superiores, ejercitar activamente la autoeducación. En cierto modo puede orientar la educación de sí mismo, proponiéndose: voy a deshacerme de este hábito; y con tal fin emplea todas sus fuerzas para deshacerse de un hábito, o bien, para desarrollar otra cualidad. Si a través de la autoeducación se logra realizar lo que generalmente sólo nos lo da la vida, se llegará paso a paso a lo que se puede llamar: desligar la voluntad de la corporalidad física. Y entonces tiene lugar algo que igualmente sólo puedo caracterizar paradójicamente. Estas cosas se presentan como paradójicas; sin embargo son absolutamente resultados certeros del sendero de conocimiento antroposófico, del camino que se puede emprender de la manera como en esta conferencia lo describo, al efecto de penetrar en los mundos superiores.

Compárese — repito que pareciera extraño — un ojo cuyo cuerpo vítreo esté enturbiado, enfermo de catarata, de modo que debido a la opacidad no sirve como órgano de la vista, compáreselo con el ojo sano y claro. Precisamente por el hecho de que el ojo sano funciona sin que conscientemente nos demos cuenta de su existencia corpórea, funciona abnegadamente — por decirlo así — dentro de nuestro organismo, y precisamente debido a esto nos sirve como órgano de la vista. Para la vida común — no se trata de penetrar en los mundos superiores por medio de algo abstracto, dañino, sino de un modo saludable para la vida común — para ella todo nuestro organismo físico funciona como gran ojo opaco, y mediante los ejercicios de voluntad todo nuestro organismo llega a ser transparente. La voluntad se espiritualiza. Penetramos entonces en lo que se halla entre los dos pensamientos: entre el pensamiento que se propone el fin de una acción y aquel que observa la acción concluida. Al hacerse nuestro organismo plenamente transparente para el alma, penetramos en el mundo espiritual. He aquí de qué se trata. Como el ojo no existe para sí mismo dentro del  organismo, así también deja de existir todo el organismo físico, si se sigue haciendo dichos ejercicios de voluntad: en cierto modo el organismo se torna transparente. Y así como el organismo físico funciona de tal manera que por sus instintos, impulsos, emociones, y todos sus procesos orgánicos, abraza nuestros impulsos volitivos, haciéndolos opacos, sumergiéndolos en sueño profundo, así todo se torna ahora transparente, tal como a través de su cuerpo vítreo todo lo material del ojo resulta ser transparente. Y como resultado de haber hecho de todo nuestro organismo físico un órgano sensorio transparente, hemos ahora desarrollado hasta un grado superior, una fuerza del alma, la que, yo sé, muchos no la quieren considerar como una fuerza de conocimiento. Ciertamente, tal como ella aparece en la vida común, no se la debe considerar como fuerza de conocimiento, pero como se la desarrolla a un grado más elevado, se convierte en fuerza de conocimiento. Me refiero a la fuerza del amor. En la vida común la fuerza del amor es el elemento que como hombres ante todo nos da valor como seres sociales. El amor es la fuerza más grande y más bella de la vida cotidiana, en lo individual y como amor social. Si lo desarrollamos a un grado más elevado, como esto se puede hacer por medio de los citados ejercicios de voluntad, y si de la manera descripta estos ejercicios conducen a que nuestro organismo se haga transparente, el amor se desarrolla a un grado más alto. Así desarrollamos la fuerza para dar el paso a lo espiritual objetivo, y así se alcanza el tercer grado cognoscitivo que es el grado de la verdadera intuición, al que he llamado el conocimiento intuitivo. La palabra intuición se usa también en la vida común — volveré a referirme a ello — pero aquí uso el término “conocimiento intuitivo” no como en la vida común, sino en la forma como acabo de explicarlo. Se trata de un estado cognoscitivo en que el hombre se sitúa en lo espiritual, después de haber hecho su cuerpo transparente, convirtiéndolo en órgano sensorio. Y con este conocimiento se produce otra cosa más en la conciencia del alma: ahora somos conscientes de que con la voluntad así liberada el hombre puede vivir independientemente de la corporalidad. El hombre, mediante los pensamientos previamente intensificados, uniéndolos con la voluntad, en cierto modo vive entonces fuera de su cuerpo; y esto le da la imagen-reflejo cognoscitiva del suceso de morir. Lo que con la muerte realmente sucede: el hecho de que lo espiritual-anímico se desliga del cuerpo físico y que continúa viviendo en una existencia propia en el mundo espiritual-anímico, después de haber pasado el hombre por el portal de la muerte, esto se percibe como una imagen-reflejo cognoscitiva por medio del conocimiento intuitivo, al haber convertido, primeramente, en órgano sensorio todo nuestro organismo, por medio de ejercicios de voluntad. De la manera descrita la inmortalidad reúne en sí la vida prenatal y la inmortalidad propiamente dicha, esto es, el hecho de que con la muerte física el alma no puede desaparecer. Lo eterno del alma humana se compone de la vida prenatal y la inmortalidad. Se lo puede percibir por medio de la verdadera investigación antroposófica. Con ello ante todo se señala que el hombre aprende a conocer por la visión su propio ser eterno.

Pero cuando de tal manera el hombre aprende a conocer su propio ser

anímico-espiritual, igualmente se aprende a conocer el mundo circundante espiritual-anímico. Por el conocimiento inspirativo y el intuitivo llega a conocer el mundo espiritual-anímico, en que el alma humana vive antes de la concepción y después de la muerte: un mundo de verdaderas entidades espirituales. Así como ante nosotros se extiende el mundo sensible, al que percibimos por medio de los sentidos como el mundo en que viven los seres sensibles, así también ante el alma que es consciente de su propia existencia espiritual-anímica, se extiende el mundo espiritual-anímico, del que hemos salido al producirse la concepción y el nacimiento, y en el que volvemos a entrar a través del portal de la muerte. Y así como de nosotros se desprende la propia corporalidad, también cesa lo que en sentido físico-corpóreo nos había unido con otros hombres, y en cuanto a nuestro ser espiritual-anímico volvemos a encontrarnos con ellos. La inmortalidad, la morada en el mundo espiritual efectivamente se muestra como resultado cognoscitivo. Además, para la visión que se puede desarrollar de la manera descripta, también se alcanza conocer aquel mundo espiritual-anímico que se halla escondido en la naturaleza espiritual, como lo están los colores y sonidos en el mundo sensible, ese mundo espiritual-anímico que constantemente nos rodea y que no es posible investigar sobre la base de las leyes del conocimiento de las ciencias naturales, por medio del pensar abandonado a sí mismo. Y de por sí toda la naturaleza se nos presenta entonces como algo distinto de lo que ella es para la observación sensible. No como si la naturaleza exterior desapareciese en cuanto a sus cualidades y substancias materiales, sino que ella sigue existiendo para el conocimiento suprasensible, al igual que el hombre sano, dotado del sentido común, sigue existiendo al lado de la personalidad que se desarrolla por las fuerzas cognoscitivas superiores. Pero juntamente con la naturaleza exterior se nos presenta una naturaleza espiritual, suprasensible. Lo que parece ser una contradicción, lo voy a explicar mediante un ejemplo de tal visión espiritual dentro de la naturaleza: Para la concepción científica común el sol, con sus contornos, se presenta en el universo. Por la astronomía y la astrofísica construimos el aspecto del sol en cuanto existe y actúa en el espacio físico. Pero para la investigación que se basa en las facultades superiores como las he descrito, el sol se presenta además como algo bien distinto, pues se llega a saber que aquello que en el espacio existe como el cuerpo físico del sol, no es sino el vehículo, el cuerpo de algo espiritual; pero esta espiritualidad se extiende por todo el espacio a nuestro alcance. Las fuerzas solares obran en todo este espacio, y estas fuerzas fluyen a través de los minerales, vegetales, animales y nuestra organización humana. Estas fuerzas solares en cierto sentido se hallan consolidadas y concentradas en lo espacial-físico exterior del cuerpo del sol, pero también existen por doquier.

Así como llegamos a conocer la naturaleza exterior, expresándolo mediante pensamientos abstractos y a través de la representación gráfica exterior, así, por otra parte, obra en lo profundo de la naturaleza espiritual de nuestro ser la base espiritual de la naturaleza. Si observamos los pensamientos abstractos en nuestro interior: son imágenes de la naturaleza física exterior. En cambio, si observamos lo espiritual del mundo exterior, y si percibimos la fuerza solar en nuestro propio interior, sólo entonces llegamos a conocer nuestra organización, pues descubrimos la fuerza solar en la propia naturaleza humana, en todas las fuerzas que intensamente actúan mientras se desarrolla nuestro crecimiento; se trata de las fuerzas que en nosotros actúan durante la infancia, las fuerzas que principalmente emanan del cerebro y que ante todo son activas como fuerzas plásticas durante la niñez, para formar nuestro organismo físico. Llegamos a conocer la expresión de la fuerza solar en nuestro propio organismo, y conocemos también cada uno de los distintos órganos, a saber: el corazón, el pulmón, el cerebro, etc., en cuanto en ellos existe la expresión particular de las fuerzas solares. Los conocemos, cada uno de ellos, con respecto a las fuerzas plásticas formativas en su relación con lo solar. Y no vacilo en describir, por lo menos en lo fundamental, todo esto que a los hombres de nuestro tiempo todavía les parece paradójico o fantasioso; pero se trata de resultados seguros de la investigación antroposófica.

Análogamente a como conocemos las fuerzas solares, también llegamos a conocer las fuerzas lunares; de la luna física conocemos los contornos físicos; pero las fuerzas lunares igualmente se extienden por todo el universo a nuestro alcance, y estas fuerzas a su vez influyen en todos los reinos de la Naturaleza, en lo vegetal, lo mineral, lo animal, como asimismo en nuestro organismo físico. En todo el organismo humano llegamos a conocer el íntimo obrar de las fuerzas lunares, las fuerzas catabólicas, las que son particularmente activas cuando nos encontramos en la fase evolutiva descendente, del envejecimiento. Pero estas fuerzas catabólicas, al igual que las fuerzas solares, siempre actúan en el proceso de la nutrición, tanto en la juventud como más tarde en la vida. Llegamos a conocer el hecho de que todo el cosmos influye sobre el organismo humano; y esto también nos hace conocer todos los procesos que existen en el organismo humano, la relación del cosmos con la entidad humana. Y así como acabo de, explicar lo fundamental de lo solar y de lo lunar, también es posible exponer otros aspectos cósmicos. De esta manera se llega a conocer la relación entre la entidad humana y el espíritu de la naturaleza dentro del cosmos, de un modo más íntimo que la ciencia común y la vida común la conocen.

Con lo expuesto también he arribado al punto en que es posible hablar de que la antroposofía, si bien de la manera descripta se ha desarrollado como ciencia de lo suprasensible, no por eso deja de ser fecunda en cuanto a la vida práctica y en las distintas ciencias de todos los campos de la existencia. En primer lugar he de destacar que, por el hecho de comprenderla en su relación con el cosmos, el conocimiento de la naturaleza humana se hace asequible en un sentido bien distinto de lo común. Ya el organismo físico humano se presenta entonces como una suma de procesos: lo que comúnmente aparece como corazón aislado, pulmón aislado, cerebro aislado, todo se convierte de un modo antes desconocido, en procesos, en algo que va desarrollándose. Se llega a conocer que de distintas maneras en cada órgano actúan fuerzas constructivas, anabólicas, y fuerzas destructivas, catabólicas: se puede establecer una fisiología y una biología espirituales. Ante todo dichos conocimientos resultan ser fecundos en el campo de la medicina, en cuanto a la patología y la terapéutica, la ciencia médica en general. Quien de la referida manera comprende el organismo humano, también llegará a conocer las fuerzas anormales anabólicas, esto es, los procesos proliferantes en el organismo humano, como asimismo las fuerzas anormales catabólicas, o sea, los procesos inflamatorios, etc., según sus causas. Además, con respecto a un anabolismo anormal, es decir, un proceso proliferante, por ejemplo, también se conocerá el proceso contrario, por el obrar conjunto de lo solar y lo lunar: se sabrá descubrir el correspondiente remedio, en una planta, en un mineral. Se sabrá que un proceso proliferante en el organismo humano se relaciona con un proceso catab&o

Publicado por ldary091 @ 21:22  | Antroposofía
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¿Qué sucede entonces cuando los niños miran televisión entre cuatro y seis horas? Y este es el tiempo que un niño tiene para el juego libre y el movimiento.

Introducción

"Todos los seres vivos van en búsqueda de un mundo mejor". Todos los organismos vivientes incluso los unicelulares, tienen una actividad constante que intenta mejorar su situación o al menos evitar su deterioro.

Todo organismo está constantemente ocupado en la tarea de resolver problemas. A menudo las soluciones a los problemas resultan erróneas. La vida nos presenta constantemente problemas e intentos activos de resolverlos: ensayos y errores. Pero finalmente todo organismo se esfuerza por mantener su individualidad y el equilibrio interior necesario para la vida: es lo que los biólogos llaman homeostasis.

De otro lado, el organismo se percibe a sí mismo, desde su autoconciencia, como una totalidad; esta totalidad es a su vez una individualidad que hace parte de un todo mayor y establece unas relaciones con el entorno donde existe. Este trabajo de relación con el medio lo podemos llamar heterostasis. En este proceso, el organismo se comporta como un sistema abierto que se retroalimenta permanentemente.

Los seres humanos estamos constituidos por una red intrincada de sistemas. El niño y el joven son sistemas completamente abiertos que tienen control de las entradas en el medio que los rodea: en sus padres, en sus maestros, en los adultos y los otros niños que interactúan con ellos. Los medios de comunicación masivos han modificado de manera notable nuestra manera de ser y de estar en el mundo; se han convertido en un gran mecanismo de poder y han desbordado los mecanismos de entrada de los sistemas abiertos humanos.

La televisión, el computador, los teléfonos móviles y los teléfonos inalámbricos, los I-Pod, han irrumpido en los últimos años como elementos que facilitan la vida cotidiana y nos permiten procesar la información con mayor velocidad y eficiencia y comunicarnos prácticamente sin barreras. Es indudable que estos medios son parte del proceso evolutivo humano. Nos quedan dudas sobre la manera como los estamos utilizando y a su vez cómo han transformado nuestra forma de relacionarnos.

Imaginemos la habitación de un muchacho de hoy, donde al frente de la cama hay un aparato de televisión y un mini componente. En su mesa de noche vemos un I-Pod, uno o dos teléfonos móviles y posiblemente un teléfono inalámbrico. Frecuentemente atendemos en la consulta médica a jóvenes o adultos que no logran conciliar el sueño o que se levantan fatigados o con la sensación de no haber descansado: en una cámara electromagnética como la descrita es imposible para el cerebro realizar los ajustes frecuenciales necesarios para conciliar el sueño o alcanzar el nivel de descanso del sueño profundo.

Los TV -aunque apagados- tienen circuitos eléctricos que alcanzan los 25.000 voltios; este campo eléctrico en movimiento genera un campo magnético que tiene alrededor de tres metros de diámetro y que impide al cerebro invertir su polaridad magnética para entrar al sueño. Los teléfonos celulares emiten y reciben ondas de radiofrecuencia que oscilan entre los 824 y los 960 MHz y de otro lado entre los 1.710 y 1.990 Mhz.

Estas frecuencias pueden interferir desde un marcapasos hasta equipos electrónicos de uso médico o de uso aeronáutico. Pueden favorecer explosiones en depósitos de combustible o en áreas de almacenamiento de productos químicos o de gas butano o propano. Nuestro cerebro es sensible a las radiofrecuencias de este rango y es capaz de sentir el ruido magnético que ellas generan, igual que la emisión de radiofrecuencias de un teléfono inalámbrico. Son numerosas las experiencias clínicas en las que la calidad del sueño y del descanso mejora notablemente al corregir estas interferencias magnéticas.

La Influencia de los Medios en el Hombre Triple

1. Sobre el Polo Neurosensorial.

La saturación sensorial.

Son siete los sentidos que se ven especialmente afectados por la televisión los video-juegos y los aparatos personales (I-Pod). El primero de los, sentidos afectado es el sentido del movimiento propio que nos transmite la sensación de libertad y la posibilidad de desarrollar el autocontrol, a través del dominio de los propios movimientos. "Quien quiere descubrir el mundo debe ponerse en camino. Para los niños, esto significa: saltar el lazo, excavar, construir, hacer castillos de arena, y también significa amasar, pintar, cortar y con ello adiestrar la habilidad de sus dedos y demás capacidad para el movimiento".

El psicólogo suizo Jean Piaget, reconoció en el movimiento del niño una> base fundamental para el desarrollo cognitivo, social y emocional. Las perturbaciones en el movimiento afectan el desarrollo del lenguaje. Y en la medida en que se afecta el desarrollo de las facultades sensitivas, así también se afecta el desarrollo del intelecto. Pero no sólo los brazos y las piernas son órganos del movimiento; también el ojo humano es un órgano del movimiento. Al observar el mundo, el cristalino está en constante movimiento adaptándose a la distancia; la pupila se expande o se contrae según la cantidad de luz.

Frente a las pantallas esta disposición del ojo está completamente paralizada. La distancia es fija y la tridimensionalidad del espacio natural se suspende y se reduce a dos dimensiones. Los colores son artificiales. El campo visual del niño que normalmente abarca 200 grados, se reduce a 70- 80 grados.

"El niño se encuentra en la misma posición rígida fascinada, delante de la pantalla, sobre la cual velozmente se desplaza una corriente de impresiones sensorias visuales y auditivas. La rígida posición de los músculos oculares se transmite a toda la musculatura corporal. Gráficamente podríamos decir: no solamente el ojo, sino el cuerpo en su conjunto es colocado en un "yeso". Este hecho se aprovecha en las clínicas oftalmología para los postoperatorios de cirugías oculares, por ser la única posibilidad de mantener el ojo quieto.

¿Qué sucede entonces cuando los niños miran televisión entre cuatro y seis horas? Y este es el tiempo que un niño tiene para el juego libre y el movimiento: en ese tiempo tienen lugar los procesos de desarrollo y fomento evolutivo más importantes.

Podemos afirmar que un niño típico de 10-12 años ha pasado un año de su vida "enyesado". En los niños con muchas horas frente a la pantalla, los ojos van perdiendo la capacidad de movimiento: este sentido se atrofia y difícilmente pueden mantener el equilibrio, montar en bicicleta o en patines, con una alta predisposición a los accidentes.

El sentido del equilibrio nos transmite la confianza en nosotros mismos y se ve minado en su desarrollo por la falta de movimiento y la inquietud interna que generan los aparatos.>

"El contacto con el computador en los primeros años de vida, retarda el movimiento corporal y espiritual. El computador no pertenece ni al cuarto del niño ni al jardín infantil".

Otro sentido fuertemente afectado es La Audición: este sentido, a más de transmitir las vivencias tonales, nos abre un espacio anímico interno, que ­las distorsiones del sonido artificial nos impiden desarrollar.

Sentido de la Palabra. "El Lenguaje es el carro del pensamiento". Los niños aprenden a hablar en un ambiente donde se conversa. Éste, como el andar, es un aprendizaje imitativo y es la base de los procesos de pensamiento. Hay un aumento notable de las dificultades en el desarrollo de lenguaje en el mundo de hoy. Un niño de cada cuatro -entre los 3 y 4 años- muestra impedimentos o dificultades con el lenguaje. Y un deficiente desarrollo del lenguaje genera atrofia psíquica y más tarde incapacidad de expresar los propios sentimientos y comunicarlos a los otros. Aún frente a la televisión donde el niño escucha continuamente, no se favorece el desarrollo del lenguaje; allí no están presentes dos elementos claves del habla: la calidad de la relación social entre el que habla y el que escucha; y la función de imagen del adulto que puede ser imitado por el niño. En síntesis, las dificultades tempranas en el desarrollo del lenguaje, impiden el desarrollo de las fuerzas del pensamiento.

Sentido del Pensamiento. Los niños deben aprender a pensar por sí mismos para poder entender el mundo y a sí mismos. Ellos deben unir lo observado, lo sentido y lo pensado en una verdadera relación. Cada vez se identifica más la relación entre uso indebido de medios electrónicos y dificultades del lenguaje y el pensamiento.

Los niños televidentes tienen una pobre capacidad de concentración.

"La investigación neurofisiológica ha demostrado que la TV induce un estado de consciencia aturdida, semi-hipnótica, en el espectador. Así, quien mira televisión por lo general no puede permanecer consciente, y entonces criticar lo que él o ella están mirando. Es por eso que existe un matrimonios perfecto entre la TV y la propaganda la cual idealmente se transmite a personas que no pueden criticar el mensaje.

Sentido del Yo Ajeno. Este sentido es para Steiner el órgano sensitivo total y se forma en los límites del cuerpo y a partir de éste mediante las sensaciones, para percibir la forma, la presencia y la fuerza del otro.

El sentido del yo ajeno es el sentido más elevado de todos y se cuida por medio del contacto directo y temprano de los seres queridos y por una adecuada cultura de los encuentros. Es el sentido que me permite percibir otro ser; el TÚ de Martín Buber.

Una de las influencias nocivas sobre este sentido es el consumo incontrolado de los medios masivos y el trato frecuente con la realidad virtual, con lo cual no se puede experimentar el ser de manera real.

La televisión ha sido llamada "La criada infiel", "La niñera electrónica "La caja boba", "La ladrona del tiempo".

2. Sobre el Sistema Rítmico.

Las dificultades de la comunicación. El aislamiento que producen los I-Pod y los celulares. La separación de las familias con la televisión en cada cuarto. La televisión reemplaza la vida de sentimientos. Se ha demostrado que los niños que miran regularmentela TV:

  • Se acercan a los demás con poca distancia y respeto.
  • Tienen dificultad en establecer un contacto personal.
  • Suelen hacer muecas y no pueden mirarnos a los ojos.
  • A menudo dan respuestas estereotipadas o superficiales y su interés en los objetos o las narraciones es poco profundo.
  • Leen poco
  • Tienen poca capacidad para elaborar lo leído y lo visto.

El pobre contenido de los programas. La pésima escuela de emociones y sentimientos que constituyen las telenovelas y los realities, sobre la necesidad de controlar lo que los hijos ven y evitar los programas que distorsionan los sentimientos y las emociones.

Los programas intentan siempre impresionar los sentimientos: novelas con> profundos conflictos personales, deportes peligrosos y llenos de acción, y la conocida violencia. Todo eso significa que el telespectador se halla en un estado de consciencia animal, sin pensamientos ni sentimientos activos.

Cuando los muchachos crecen es de gran importancia establecer acuerdos con ellos sobre qué programas ver, el contenido de los mismos, y el tiempo para compartir con ellos. Un padre de familia lo expresaba al final del encuentro en el colegio: el problema no son los aparatos, sino el tiempo que los padres les dedicamos a los hijos.

3. Sobre el Polo Metabólico motor.

El debilitamiento de la voluntad. El desarrollo volitivo se altera por el hecho de estar sentados inmóviles frente a la pantalla. Las máquinas hacen el trabajo por nosotros. Manejamos el mundo con el uso de los controles remotos. Ya lo grave es perder el control, no emocional sino el remoto.

Con la TV se fomenta la inclinación hacia las dependencias del alcohol, los medicamentos y las drogas, dado que los niños se acostumbran a tener incentivos para el alma sin esfuerzo propio, sólo apretando un botón.

"Tenemos aquí una paradoja: la misión de la Tecnología es liberarnos de las fuerzas de la naturaleza de modo que podamos volvernos libres y espirituales. Pero justamente lo opuesto es lo que sucede: las máquinas restringen nuestra libertad y nos encadenan a la materia o a la naturaleza". "El telespectador está físicamente inactivo. De sus sentidos, sólo utiliza su visión y audición, pero de manera extremamente parcial. Por ejemplo los ojos no se mueven, no se hace el esfuerzo de aguzar la vista -no vemos mejor si nos aproximamos a la pantalla y la distancia al aparato es constante.

Los pensamientos están casi inactivos: no hay tiempo para el razonamiento consciente ni para hacer asociaciones mentales, pues ambos son relativamente muy lentos. Esto lo demostraron las investigaciones de Krugman: el electroencefalograma de una persona viendo TV indica un estado de desatención, de somnolencia, un estado semihipnótico, v normalmente todo telespectador se adentra en ese estado en medio minuto [Krugman, H.E. (1971) Brain wave measurements of media invironment. Journal of Advertising Research 11:3-9]. Jane M. Healy en Endangered Minds: Why Our Children Don't Think - Por qué no piensan nuestros hijos [(1990) Touchstone, Nueva York] justifica ese estado mental como una reacción neuronal a las excitaciones visuales exageradas y continuas.

La intermitencia de la imagen, el ambiente en penumbra y la pasividad física del telespectador hacen que el escenario sea semejante a una sesión de hipnotismo. Los directores de imagen conocen muy bien el estado de somnolencia del telespectador. Por eso ellos siempre crean imágenes que cambian constantemente, ya que si la imagen se quedase parada, todos 1os telespectadores se adormecerían".

"En la lectura es necesario producir una intensa actividad interior: en una novela, imaginar el paisaje y los personajes; en una obra conceptual, por ejemplo filosófica, hay que asociar constantemente los pensamientos descritos. >La TV, por el contrario, no exige actividad mental alguna: las> imágenes vienen terminadas, no hay más nada que agregar. No hay> posibilidad de pensar sobre lo que está siendo transmitido, pues la velocidad de los cambios impide que nos concentremos en cada tema".

A menudo se objeta:

  • También hay programas para niños que los otros compañeros ven: por qué he de excluir a mi hijo?
  • Yo no puedo hacer nada al respecto: además necesito tiempo para dedicarme a mis cosas.
  • Es mejor que vea TV aquí y no donde el vecino.
  • Sólo así consigo tenerlo quieto.
  • Los niños educados sin TV o con menos TV son los compañeros preferidos para los juegos.

Los niños educados libres de TV y aparatos son más sanos. A medida que crecen y se les permite acercarse a los medios es necesario poner límites claros para el uso del TV. Lo ideal es que haya un solo equipo en la casa nunca en los cuartos de dormir y se elija qué programas pueden verse y cuánto tiempo. Los niños se sienten amados y atendidos cuando los padres ponemos límites claros. El amor es una energía tan poderosa que cuando se da en exceso y sin las fuerzas del límite, de la norma, se torna tóxica.

Es frecuente que los niños educados con poca TV al llegar a la pubertad se vayan desmotivando de los aparatos y se conviertan en seres emancipados de la televisión. El ejemplo parte de nosotros padres y maestros. Una vida sin tantos aparatos es una vida rica y llena de posibilidades y donde posible abordar las dificultades y las tareas de manera sana.


Publicado por ldary091 @ 20:45
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"La pedagogía de Rudolf Steiner concibe al hombre como una totalidad física, anímica y espiritual.

Si se estudia lo físico en el hombre, se puede anotar que lo que en un principio se presenta como una unidad indivisible está integrado por tres grandes sistemas orgánicos:

  • El sistema neurosensorial: que comprende las facultades representativas y cognoscitivas (polo consciente) la cabeza.
  • El sistema rítmico: (polo semi-consciente), que comprende la respiración y la circulación de la sangre, es la parte media toráxica.
  • El sistema metabólico-motor: que comprende las facultades motoras y volitivas; se concentran en el aparato digestivo y las extremidades.

Su parte anímica se manifiesta a través de las tres facultades:

  • El pensamiento
  • El sentimiento
  • La voluntad.

Finalmente lo espiritual se manifiesta en la posesión de un "YO" único e individual.

Cada uno de los tres sistemas orgánicos actua en todo el organismo humano.

Cada sistema tiene su propia relación con el mundo exterior así:

  • El sistema neuro-sensorio, por medio de los sentidos
  • El sistema rítmico, por medio de la respiración
  • El sistema metabólico-motor, por medio de la nutrición.

La apreciación de la estructura del organismo humano, con tres sistemas que se interpenetran entre sí y que son a su vez autónomos, sirve de apoyo para la comprensión de la relación entre el desarrollo somático y el desarrollo psíquico-espiritual del hombre, desde su nacimiento hasta su muerte. Esto debido a que el cuerpo en su integridad constituye la base física de la vida anímica del ser humano.

Cada sistema orgánico se relaciona de manera predominante con una de las tres facultades anímicas mencionadas anteriormente.

  • El pensar o sea nuestra actividad intelectiva tiene que ver con el sistema neuro-sensorio
  • El sentir tiene como base el sistema rítmico, es decir la circulación sanguínea y la actividad respiratoria
  • Finalmente todo lo relacionado con la voluntad se halla en estrecha relación con el sistema metabólico-motor."

Este artículo fue publicado en la revista Cuadernos de Micael, Pedagogía Waldorf - Innovación Educativa, segunda edición, año 15, 2003, pág. 21 y 22

Centro Humanístico Micael, Medellín, 2003

 

 


Publicado por ldary091 @ 20:43
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Primer septenio

En los primeros siete años de vida el niño aprende principalmente por imitación. Todo lo que acontecen su entorno y pueda ser percibido por sus sentidos el niño lo aprende, ningún sermón racional influye en los niños, sino lo que los adultos hacen ante sus ojos, por esto el adulto que acompañe al niño debe ser un ejemplo digno de ser imitado, en esta etapa el niño experimenta que el mundo es “bueno”.

En la más temprana infancia el niño desarrolla tres facultades que serán la base de cualquier aprendizaje posterior: aprender a andar, a hablar y pensar, cualidades exclusivas del ser humano que son la base de cualquier desarrollo y aprendizaje posterior. Durante toda la vida, pero en forma especial en los tres primeros años la actividad motora tiene una influencia formativa sobre el cuerpo y contribuye en los bases para un sano desarrollo de las facultades cognitivas.

En Kindergarten los niños a través del juego y los cuentos de hadas desarrollan su creatividad, comprenden la naturaleza y se acercan a tradiciones y experiencias culturales propias de nuestro país formando de esta manera la base para el conocimiento del mundo. Para el niño pequeño el juego significa percibir por todos los sentidos y por su cuerpo pudiendo dominar el movimiento corporal, ser activo, tener conciencia del equilibrio, percibir a través de un tacto delicado y de un olfato sensible.




Los medios educativos en esta época se entregan a través de un ambiente de cobijo, donde canciones infantiles, sonidos, telas, juguetes y olores los envuelven día a día y experiencias con la naturaleza a través de salidas a cosechar para vivenciar el otoño, celebrando la fiesta de la primavera, haciendo paseos y caminatas en un entorno natural, ejemplos como los antes nombrados hacen que los niños puedan “comprender” el mundo.


Publicado por ldary091 @ 20:35  | primer septenio
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Matemáticas

Después del lenguaje, la aritmética es seguramente el instrumento más poderoso y versátil para amoldarse a la mente del niño, perjudicándolo cuando es enseñada de un modo abstracto y rígido, o desarrollándolo cuando es enfocada viva y artísticamente. En primer lugar, debemos saber que el moverse en la abstracción de los números y de los espacios, así como la actividad rítmica, hacen que tanto la aritmética como la geometría constituyan un entrenamiento para el cuerpo etéreo. Las operaciones mentales (que nunca deberían ser exclusivamente mentales) hacen vibrar al cuerpo etéreo; como siempre, todo lo que desarrolla al cuerpo etéreo de modo saludable, es bueno; ese es el criterio que debe prevalecer en la primera enseñanza de la matemática.

La matemática entonces, no da apenas los instrumentos para una mejor comprensión posterior del mundo, sino mucho más, ella posee altas cualidades pedagógicas en sí. Sin negar la gran importancia de su primera función, debemos insistir principalmente en el segundo aspecto, muchas veces desconocido y despreciado.

Una primera ilusión es creer que los elementos de la matemática sean necesariamente los números y grandezas. Existen verdaderos fenómenos matemáticos (ejemplos: teoremas de Tales o Pitágoras, algunas reglas de divisibilidad), y se debería dar más énfasis a estos aspectos cualitativos. Lo cuantitativo es aún un mundo extraño para el niño pequeño; él tiene que asimilarlo y conquistarlo poco a poco - a través de lo cualitativo.

Una segunda ilusión, es el que sólo se pueda estudiar matemática sentado, con una grave expresión en el rostro, sin cualquier movimiento del cuerpo que pueda perturbar la actividad cerebral. Con los alumnos de los primeros años, el método de enseñanza puede y debe ser otro. Todo el cuerpo debe entrar en actividad, y es a través del cuerpo, de sus movimientos y ritmos que los primeros elementos de la matemática deben ser asimilados. Esto termina de una vez, con la mala reputación de la matemática; el propio aprendizaje se vuelve más alegre y actúa en lo más profundo del organismo humano. Haciendo cuentas, recitando las tablas (hacia adelante y hacia atrás), trabajando con unidades, decenas, centenas, etc., no hay límite para la fantasía del docente, para hacer que los niños caminen hacia adelante o hacia atrás, aplaudan con fuerza o no (acentuando números deseados), se agrupen, etc. Todo esto, mucho antes de utilizar cuadernos, ejercicios armados, etc.

Los niños conquistan el espacio de los números, con el cuerpo, con el alma, y con el espíritu. Por eso, estas clases son animadas, a veces ruidosas, pero de cualquier modo encantan a los alumnos.


Cuadernos

Otro principio del método Waldorf, es que las cuatro operaciones deben ser introducidas muy pronto (en el primer año) y ejercitadas simultáneamente. Existe, en relación con la enseñanza tradicional de la aritmética, otra diferencia fundamental: mientras en ella se procede sintéticamente (5 + 7 = ?), el método Waldorf aplica el método analítico (12 = ? + ?). ¿Cuál es la diferencia? En el sistema sintético, sólo existe una solución: 5 + 7 tiene que resultar 12. En el método analítico, el punto de partida, es el todo: 12, y la fantasía puede inventar un gran número de soluciones, todas correctas: 12 = 5 + 7, 12 = 10 + 2, etc. Introduciendo las otras operaciones, tendremos: 12 = 3 × 4, 12 = 2 × 6, 12 = 2 × 5 + 2, 12= (3 - 1) × 6. ¿Cuáles son las ventajas?

  • La fantasía produce una intensa actividad mental. Los alumnos se entusiasman, el mundo árido de los números se transforma en campo de juego.
  • b. Entra un elemento de libertad, precursor de la libertad de pensamiento del adulto. 5+2=7 hace rígido el pensar. Sólo existe una solución correcta, el alumno no tiene opciones. Entonces:
  • c. Todos los alumnos pueden colaborar y tienen muchas más posibilidades de acierto, es decir, de conseguir un resultado correcto. El alumno menos despierto, responderá 12 = 5 + 7, o 12 = 6 + 6, o 12 = 3 x 4 y estará feliz y entusiasmado. Los más despiertos y veloces, a su vez, conseguirán en el mismo tiempo diez o veinte soluciones cada una más compleja que la anterior: 12 = 5 × 6 - 20 + 2. Con esto, el docente tiene un excelente recurso para evaluar a sus alumnos sin producirles un trauma, reconociendo fácilmente sus capacidades y conocimientos. Este ejemplo, entre centenares, muestra cómo la enseñanza de la matemática, puede ser viva.

Más tarde, con las fracciones ordinarias y decimales, con las medidas (métricas y otras) y sus transformaciones; con el cálculo de intereses, que conduce a las primeras fórmulas algebraicas, etc., con todo eso el profesor puede no sólo enseñar la asignatura exigida por ley, sino también transformar la clase de matemática en una clase ansiosamente esperada.

Lo mismo puede suceder en la geometría. En ella, el profesor debe partir de la vivencia de las formas, y hacer de la geometría algo dinámico. En vez de teoremas abstractos y demostraciones, el camino a recorrer puede ser artístico y variado. Esto no excluye el llegar a los mismos teoremas y que la capacidad de demostrar en vez de indolente, sea inclusive mayor. ¿Por qué limitarnos, en lo que se refiere, por ejemplo, al teorema de Pitágoras, a las pruebas tradicionales basadas en proporciones y operaciones algebraicas? Existen, literalmente, centenares de demostraciones geométricas excitantes y, en cierta forma, artísticas. En lo posible, la geometría debería conservar su carácter de ciencia de las formas, y no pasar enseguida al mundo más abstracto de los números y las fórmulas. Repetimos: en un momento dado, esta transformación es útil e incluso, necesaria, pero el efecto pedagógico de la geometría se da mientras ésta se mantiene como geometría pura.

Se podría decir mucho más sobre esta asignatura palpitante. Pero debemos limitarnos a dar una idea general. Innumerables sugerencias prácticas existen en la literatura especializada.

Evidentemente, este sistema no se limita a los rudimentos de la matemática, sino que cubre todo su campo, hasta los últimos grados del ciclo superior. Allí los alumnos aprenden todo lo necesario para aprobar los exámenes, pero, además de eso - y principalmente -, ellos aprenden a pensar y a sentir matemáticamente.

 

 


Segundo septenio 7-14 años

Primaria

Cada alumno de nuestra primaria inicia su jornada diaria saludando individualmente con un apretón de manos a su profesor-tutor quien acompaña al mismo grupo desde el primer hasta el octavo grado, guiando a su clase a través de cada lección de la mañana: la clase principal. Esta continuidad le permite al maestro un profundo entendimiento de la fortaleza y superación de cada alumno, y al mismo tiempo, acompaña el desarrollo de una dinámica social rica en clase. Asimismo, le permite dar continuidad al currículo, unificando las distintas disciplinas a lo largo de los años. Al mismo tiempo, el trabajar con nuevas materias en cada grado, inspira al tutor con entusiasmo. Inspirado profundamente en sus sentimientos, los niños de la primaria responden muy bien a lo que es bello en el mundo, y este sentimiento por la belleza es cultivado con las herramientas y alcances que se usan en el trabajo de todas las clases que incluyen recitaciones de versos y música.

Cada "bloque" de clase principal es una inmersión en un tema académico específico: lenguaje, historia, geografía, matemática, astronomía, mineralogía, botánica, zoología, ecología, etc. Este bloque se dicta en las dos primeras horas de todas las mañanas con la misma materia durante 4 ó 5 semanas, y es impartido por el tutor mediante el arte de la música, poesía, pintura, dibujo, movimiento y drama. Esto le permite al alumno sumergirse en los temas con su mente, sus sentimientos y sus acciones. Como parte vital del aprendizaje los niños crean sus propios "Libros de la Clase Principal" en ellos se registran observaciones, composiciones, diagramas y dibujos que ilustran sus estudios. Estos libros llenos de color y, al mismo tiempo, individualizados, reflejan el progreso de cada estudiante y no solamente son un registro de lo que se ha estudiado, sino un método de investigación que incrementa la creatividad y el conocimiento de los alumnos; ellos son una parte única y vital en la pedagogía Waldorf.

Después de la clase principal profesores de diversas especialidades complementan la formación de los alumnos en áreas tales como idiomas extranjeros (inglés), música, manualidades, carpintería, gimnasia, euritmia, huerta, etc. Estos cursos extensivos e integrados proporcionan a los alumnos una base para la comprensión, por el amor de aprender, por la excelencia académica y exploración creativa.


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viernes, 12 de junio de 2009

Agricultura biodinámica

Sin fertilizantes y bajo el mando delos astros, los cultivos biodinámicos florecen en Italia. Unas 400 empresas sededican a este tipo de agricultura, con una facturación anual de 27 millones dedólares.

MILAN.- Manzanas más dulces, lechugas más verdes y leche más pura; mielsin azúcar y vino que no emborracha ni causa acidez; zanahorias que semantienen frescas más de dos semanas. Estos son algunos de los productos de laagricultura biodinámica, que crecen sin degradación del suelo ni fertilizanteso pesticidas sintéticos, tratando de adecuarse a los ciclos naturales del cosmos.

En Italia existen unas 400 empresas dedicadas a esa actividad, en cinco milhectáreas y con una facturación anual de unos 27 millones de dólares, modestaen comparación con la de la agricultura convencional.

Su producción es sólo cinco por ciento del total italiano, entre otras cosasporque tiene costos más elevados.

Quienes la practican usan humus para fertilizar la tierra y se inspiran enantiguas técnicas. "Se trabaja a ciclo cerrado, porque las plantas sonorganismos autosuficientes y sanos. Esto ayuda a recuperar la fertilidad de latierra y a entender la estructura del humus. El agricultor biodinámico vive enarmonía con la naturaleza", explicó a Tierramérica Marcelo Lo Sterzo,agrónomo y consultor sobre esa técnica.

La agricultura biodinámica, que comenzó a desarrollarse en Alemania en 1924, se basa en la "antroposofía", filosofía holística del austriaco RudolfSteiner (1861-1925), que abarca la influencia del cosmos en plantas y animales,al igual que orientaciones para la relación del ser humano con el resto de lanaturaleza.

Entre sus métodos típicos están la rotación en el uso de suelos, y elordenamiento de siembras y cultivos de acuerdo con los calendarios lunar yplanetario.

En este tipo de agricultura, “se preparan fertilizantes con sustanciasnaturales, que son más nutritivos para las plantas, y favorecen tanto laabsorción de las raíces como la fotosíntesis”, señaló a Tierramérica MarioBavio, representante de la Asociación Biodinámica para la región de Lombardía,al norte de Italia.

La empresa agrícola Cascine Orsine, con sede en la ciudad lombarda de Pavia,cultiva 350 hectáreas con este método. Produce leche, carne, quesos, cereales,arroz y harinas, con maquinarias especiales y cinco veces más mano de obra quesus pares convencionales.

"Nuestro producto principal es la leche. Cuidamos el suelo y las vacas, noles cortamos los cuernos, les damos una alimentación especial, y si se enfermanlas curamos con medicamentos homeopáticos. Duermen sobre paja porque eso es lonatural", explicó Aldo Paravini, propietario de Cascine Orsine.

Los agricultores biodinámicos sostienen que si respetan el terreno, la calidadde las semillas y ciertos ciclos de cultivo, el cosmos influye positivamente ensu actividad.

Por ejemplo, entienden que la siembra da mejores resultados si se realizacuando la órbita lunar lleva a nuestro satélite más lejos de la Tierra.

"Nuestra actividad, que iniciamos hace 15 años, corresponde a nuestrafilosofía de vida”, dijo Marco Rossi, propietario de Verdeallogio, una pequeñaempresa de apicultura biodinámica en seis hectáreas de Giove, al centro deItalia, que produce miel y cosméticos basados en ella.

Las abejas allí no se alimentan con azúcar y no están obligadas asobreproducir. La colmena es un lugar especial, alejado del ruido y de laspersonas, según Rossi.

Los defensores de la agricultura biodinámica aseguran que es la expresión másavanzada de un modelo de desarrollo ambientalmente sustentable, y que supera ala agricultura orgánica, también llamada biológica o ecológica.

El 95 por ciento de los productos biodinámicos se venden frescos, y el restoson cosméticos, fibra de algodón y cáñamo.

La agricultura biodinámica pasa por tres controles para garantizar su calidad,realizados por la Asociación Demeter, una organización ecológica que agrupa atres mil productores de 40 países, la asociación biotecnológica suiza Swissbio,y la Unión Europea en el marco de su norma 2092/91, sobre agriculturabiológica.

Dos tercios de la producción italiana se venden en el norte de Europa, EstadosUnidos, Canadá y Japón. Los precios son en promedio 50 por ciento mayores quelos de la agricultura convencional.

Eso se debe a que los costos iniciales son tres o cuatro veces mayores, perolos productores biodinámicos aseguran que luego de dos o tres años de trabajola relación cambia drásticamente, ya que al prescindir de productos sintéticosel costo baja 40 por ciento.


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